Autoentrevista de Mauricio Garces – Primera Parte

De repente entró ella como tromba en la casa, se plantó en el centro de la estancia y exclamó con firmeza: -”Buenas tardes, soy de “La Familia””… Como un solo hombre nos levantamos mis hermanos y yo, y le dimos un besote. Se puso roja, amarilla, violeta y gris, y después de una larga, pero larga pausa, con voz muy débil musitó : -”Bueno, soy de la familia, sí, pero de la Revista “La Familia”. Entonces, claro, le devolvimos su beso.

 –Soy periodista– dijo.
Inmediatamente mi hermano el mediano profirió una exclamación de horror:
 –¡Dios mío! ¿qué he hecho…?
 –¿Qué has hecho?– le preguntamos.
 –¿Se te hace poco? ¡Es la primera vez que beso a un periodista!
 –¡Y la última! –gritó su esposa, lo metió de un cachetadón al coche y se lo llevó a su casa.

 Mi otro hermano, casado también, hizo mutis discreto… Todos se fueron, todos… menos mi mamá.
 –¿Qué pasa? –le pregunté– ¿es que desconfías de mí?
 Movió la cabeza 14 veces de abajo hacia arriba.
 –Cómo, mamá, pero me crees capaz de…
 –¡m m mjú!
 –Pero acaso supones…
 –¡¡Sí!!! –gritó…, y mi mamá se quedó.
 –Queremos que pose para la Portada de nuestra Revista, y necesitamos también un reportaje.
Accedí gustoso, pero no ese día. Acababa de estar con el dentista. El dentista… uds. ya saben, es ese señor que come con los dientes de los demás.
 Había ido en la mañana a verlo, con esa esperanza grande que llevamos todos cuando vamos a ver al dentista; la esperanza de que no esté. ¡Pero si estaba! ¿Por qué? ¡No lo sé! Pero estaba, allí estaba… los dentistas siempre están…
–Me duele la muela– dije.
 Se metió dos horas dentro de mi boca y cuando salió ya no me dolía la muela… me dolía la quijada, la garganta, y los ojos… hasta los botones de la camisa.
 En ese estado estaba cuando entró ella y dijo que era de la familia. Estaba de un humor que si hubiera sido hombre le hubiera partido la sien de un silletazo. Pero como era mujer, y atractiva por cierto, pues le di un besote.
 A los dos días regresó con un fotógrafo y tomo las fotos que están viendo aquí. Me dispuse a contestar sus preguntas para la entrevista, pero ni se movió. Sólo me dijo: “Hágase la entrevista Ud. solo”, y se fue.
 Y hete aquí que me la estoy haciendo. Y lo peor es que me gusta. Me puedo preguntar lo que sea, contestar lo que quiera y hablar de lo que se me antoje… Además me gusta porque ahora si, lo que Ud. lea aquí, no lo inventó nadie, ¡lo dije yo!
Una vez leí en una revista, donde aparecía una pequeña biografía mía, que yo había nacido en Chihuahua en 1914, me había divorciado tres veces, y actualmente estaba casado con una puertorriqueña con la que tenía dos hijos. Primero me reí, pero después me asusté. Lo decían con tanta seguridad que a lo mejor era cierto. Soy tan distraído… Fui corriendo a ver a mi mamá.
 –Mami, ¿dónde nací?
 –En Tampico.
 –¿En qué año?
 –En 1927.
 –Dime … ¿has visto por aquí en la casa a alguna portorriqueña con dos niños?
 –¡No! Al que vi fue a tu hermano Edmon esculcando tu pantalón

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