Autoentrevista Mauricio Garces – Tercera Parte

Primera parte

Segunda parte

Empacamos y nos venimos a México… Aquí hice la primaria y secundaria. Fui un alumno notable. ¡Si señor, hice 4 años en uno! Estuve 4 años en segundo de secundaria.

Me acuerdo que quería seguir la carrera de Ciencias Químicas, pero el Destino influyó para que no fuera así. Bueno, el Destino y un amigo mío que se llamaba, se sigue llamando, Carlos Hernández Parcero. No como yo, que me llamaba Mauricio Féres Yasbek y ahora me llamo Mauricio Garcés.

Carlos (chico correcto y bien hablando como todo alvaradeño), quería que siguiera con el la carrera de Leyes, y yo insistía en la Química; él, Leyes; yo, Química; él, Leyes; yo, Química…

En esta discusión nos pasábamos mañanas, tardes, todos los días, y meses enteros, hasta que venía el Coime, nos decía “¡Tiempo!”, se llevaba los “tacos” y las bolas y cerraban el billar.

Resultado, ni él es licenciado ni yo soy químico, pero no hay quién nos pare enfrente en “pool-bolita”.

Después de eso, a Carlos lo mandaron “voluntariamente” a estudiar a los EE. UU. Y yo preferí el trabajo al estudio. Hice de todo. Trabajé en Salinas y Rocha, ¡vendí relojes, fui corredor de alhajas, trabajé como periodista!… cualquier cosa, con tal de llegar a tiempo a la primera carrera del Hipódromo.

Lo que determinó que fuera actor, fue el inconsciente de mi tío José. (El es el culpable, ¡lo juro! ¡Pregúntenle a mi mamá! ¡Bien sabe Dios que yo soy inocente!). ¡Se hizo productor! Y claro, yo quise entrarle como actor. Era divertido, ¿no? Claro que sí , y fue divertido. Bueno… cuando menos para mí.

El que no se divirtió ni tanto fue el director, ni tampoco Luis Aguilar que hacia el papel principal. Pero la verdad es que eran muy “delicados”. Por 38 “tomas” hacían un escándalo… La película se llamó ”El Señor Gobernador”. En “Radio Patrullas” mejoré mucho. A la ventisieteava “toma” estaba lista mi escena.

Así, hice cinco películas. Pero no estaba satisfecho con mis actuaciones. Yo no estaba satisfecho. Bueno … yo, el director, el productor, el asistente, México y el mercado extranjero. Así es que me “retiré”, para empezar por el principio.

Consideré la TV como una buena escuela. Y ahí empecé haciendo “papelitos”. Pero algo aprendí. No era para menos. Trabajé con Rambla, con Silvia, con Banquells, con la extraordinaria Guilmain, con Lucy, con Aldo… ¡No! ¡Mentira!, ¡con Aldo no!

Y así me fui hasta que hice Gutierritos. Una serie que conmocionó a la ciudad y en la que hice un papel (Jorge Contreras) que me dio una popularidad con la que no contaba ni mi mamá, que me quiere mucho.

Hice después mi propia serie, “Cita con Mauricio”. ¡Dicen que fue muy divertida! No lo sé. Lo que sí sé es que Chucho, Lulú, Josefina y yo, ¡nos divertíamos como cosacos! Tuvo mucho auditorio. Tanto, que cuando se venció mi contrato decidí aprovecharme y pedir más dinero. Estaba seguro de que me lo darían ¡no cabía ni la menor duda! ¡Segurísimo que me lo daban! Fue entonces cuando entró Aldo Monti.

Me llamaron del cine y creo que puse un récord. Aunque usted no lo crea, ¡hice 15 películas seguidas en sólo dos años! Después vino una crisis cinematográfica y otra vez, este año, bato un nuevo récord… ¡en ocho meses no llevo ni una!…

Así me llamaron de Nescafé, y aquí experimento una satisfacción grande. Me contrataron por cuatro programas y llevo 19

Aparte de eso empiezo una serie nueva con Ofelia Guilmain que se llama “El Arte de Amar”. Y eso es todo.

Mauricio Garcés.

P.D. Ni me parezco a Clark Gable, ni me pinto las canas. ¡Son mías! Claro. ¡Sufro tanto!

No tengo “hobbies”, ni me enamoro de todas las actrices con las que trabajo. Sólo me enamoré de una de ellas, y fue un amor tan secreto, tan secreto, que ya casi ni yo mismo me acuerdo de quién era.

Lo que más me gusta es oír que la gente se ría. Me gusta tanto que como no lo logro en mis comedias, entre mis pasatiempos trato de inventar chistes, para que después me los cuenten a mí.
A propósito, acabo de inventar uno. ¡Es muy cruel! ¡Muy cruel! Y dice así:
“Mamita, ¡¿por qué soy tan feo?!”
“¡Cállate niño, y dame mi thaliodomida!”.

 

La portada de la revista: La Familia (sep/1962)

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